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En medio del lodo, las trochas y el silencio de un puerto que apenas nacía, llegó hace 48 años a Curillo un hombre que marcaría para siempre la historia del pueblo: Carlos Gandhi, recordado por muchos como el primer médico de Curillo.

Cuando no había puesto de salud, ni ambulancia, ni carretera, él se convirtió en esperanza para los heridos, las parturientas y los enfermos del campo. “Yo comencé sacando balas, atendiendo a los que llegaban acuchillados. Nunca se me murió ninguno”, recuerda con humildad. En aquellos años, mientras otros huían del miedo, él se quedaba al lado de los que sufrían.

Fue el primero en practicar una cesárea en Curillo, sin ser cirujano y solo con su intuición, coraje y fe. “La primera lo hice porque era salvar o morir. La madre enfrentaba la muerte con su hijo, así que sin pensarlo, tomé un cuchillo y comence a proceder. Antes había ya practicado con difuntos, ya que fuí el primero también en hacer autopsias y gracias a Dios todo salió bien. La mamá quedó viva gracias a Dios y di bebé”, dice entre risas. Su esposa, fiel compañera, fue su asistente improvisada, aunque una vez, al ver tanta sangre, se desmayó en plena cirugía.

Formado por correspondencia en química farmacéutica y medicina botánica, luego se graduó como médico homeópata en la Escuela Asomocol de Cali. Pero su verdadera vocación lo llevó más allá de la medicina tradicional. Tras años de servir, estudió chamanismo y se entregó al conocimiento ancestral de las plantas sagradas.

“Yo soy chamán, sanador con yagé. Esa planta es un misterio que Dios le dio al hombre, pero el hombre la ha pervertido. El yagé es una ciencia hermosa, no solo cura el cuerpo, también el alma”, explica con voz pausada, mirando hacia el río Caquetá.

Hoy, Carlos Gandhi vive en paz, entre sus recuerdos y su sabiduría, después de haber sido doctor, boticario y curandero de cientos de familias rurales. Muchos todavía lo nombran con respeto y gratitud: “El doctor Gandhi, el que salvaba vidas sin tener hospital”.

“Yo quiero que me recuerden como chamán, como un guerrero que luchó sin tener escuela, pero que aprendió a sanar con amor y con las manos”, dice finalmente, con la serenidad de quien ha hecho su parte en este mundo.

🌿 Don Carlos Gandhi, el hombre que curó con ciencia, fe y selva.

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